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Sal e hipertensión

Al inicio de la evolución de los animales superiores, éstos eran primariamente herbívoros, con un consumo de sodio probablemente en el orden cercano a los 0,6 gramos. Ya en el hombre estrictamente carnívoro con requerimientos calóricos superiores, el consumo de sodio ascendió a unos 3,5 gramos.

En la actualidad, unos 20 000 años después, el hombre civilizado ha ido aumentando la cantidad de sodio en su dieta, que en muchas ocasiones sobrepasa sus necesidades.

El hombre es el único animal vertebrado que coce sus alimentos y le añade sal, con lo que ingiere de 10 a 35 veces más que sus requerimientos diarios. El apetito por la sal es más inducido que innato y no se encuentra relacionado con las exigencias del organismo, más que otra cosa a las necesidades de conservación de los alimentos en climas cálidos.

Una dieta alta en sodio tiene poco efecto a corto plazo sobre la presión arterial en personas no hipertensas, pero su consumo prolongado se asocia con la hipertensión, el cual es un factor de riesgo importante de las enfermedades cardíacas y accidentes cerebrovasculares. 

A través de estudios de control en ratas, se ha visto que una ingesta continua y elevada de sal en la dieta, provoca un cambio bioquímico en las neuronas que liberan vasopresina en la circulación sanguínea.

En condiciones normales, cuando la presión arterial se eleva, una terminación nerviosa situada en la arteria aorta, denominada barorreceptores, envían señales a las neuronas que producen vasopresina para que dejen de liberarla. Sin embargo, una alta ingesta de sal estropea este mecanismo de seguridad cerebral que es el que regula e impide una elevación de la presión.

Por otra parte, la Asociación Americana del Corazón advierte que mucha sal en la dieta hace que el cuerpo retenga líquidos, lo que añade una carga extra al corazón y a los vasos sanguíneos. 

En algunas personas, esto puede desencadenar un aumento de la presión arterial y quienes sufren de presión arterial alta, son más propensas a tener enfermedades del corazón y ataques cerebrales. 

Pero se ha demostrado ampliamente a lo largo de los años, que los alimentos de origen vegetal ayudan a evitar la presión alta, y otros más como los cereales y frutos secos.

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